
Estamos viviendo una época de cambios constantes y a una velocidad nunca vista. Es en estos momentos cuando más necesario es disponer de sólidos valores en todos los ámbitos: sociales, empresariales, personales, etc. Si nos centramos en el ámbito empresarial, la aplicación de valores a la gestión es fundamental, de hecho, siempre he pensado que “una empresa sin valores no tiene futuro”. Puede tener excelentes resultados a corto plazo, pero no tiene futuro, y ejemplos de ello ha habido muchos en la historia, entre los que podríamos citar Enron, Parmalat y WorldCom, entre otros.
Cuando nos referimos a valores, podemos identificar, tal como hace ABE, varios de ellos como son: compromiso, esfuerzo, humildad, sostenibilidad, respeto, ética. Es este último, la ética, sobre el que quiero desarrollar su aplicación a la empresa y su relación con el liderazgo.
Definir el concepto de ética y su aplicación al mundo empresarial puede parecer sencillo, aunque las acepciones son muy amplias. Sin entrar en disquisiciones semánticas, prefiero acudir a la European Business Ethic Network (EBEN), cuya visión es promover la ética y excelencia en las empresas, y de la que podemos inferir que la ética empresarial versa sobre las prácticas de los negocios en las que se implican las normas y valores de los individuos, de las empresas y de la sociedad. Si nos remontamos a los orígenes de la ética, tenemos dos versiones diferenciadas como son la ética de Kant y la ética de Aristóteles. Aunque en el fondo, ambos buscan el mismo fin, la ética aristotélica fundamenta el comportamiento ético basado en una serie de virtudes que han acabado convirtiéndose en costumbre; no se trata de manuales o códigos, sino en forma de actuar. Por su parte, la ética kantiana se fundamenta en códigos de conducta escritos donde se fijan y establecen las normas universales de actuación. Aunque la visión del pensamiento griego exige la necesidad de un fuerte arraigo en el comportamiento de los líderes con su ejemplaridad, en el mundo actual, con unas empresas globalizadas, con una separación de la propiedad (accionistas) y la gestión (directivos) en muchos casos, con cambios constantes y a gran velocidad, se hace necesario que dicho comportamiento ético ejemplar vaya acompañado de unos códigos de conducta que lo recojan, regulen y puedan ser comunicados a toda la organización.
El impacto directo de la ética empresarial en la toma de decisiones nos lleva a concebir una empresa como algo más que un negocio, entendiendo la empresa como una comunidad de personas, llegando a inferir que la toma de decisiones en la compañía impactará tanto en el interés de los empleados (impacto interno) como en clientes, proveedores, accionistas, competidores, etc. (impacto externo).
La ética empresarial no surge de forma espontánea, sino que es fruto de la creación de una cultura empresarial fraguada en el tiempo y en la que el liderazgo ha tenido su influencia. No estamos, por tanto, ante un compendio o manual de criterios de actuación y valores definidos, sino que va mucho más allá, en su aplicación en la toma de decisión de las empresas, en el seguimiento de estas, y en la observancia de su cumplimiento.
En cualquier organización, el liderazgo supone una constante adaptación a los cambios, y aún más en nuestro entorno actual donde la velocidad de los cambios es cada vez mayor por los avances tecnológicos que dan lugar a nuevas situaciones. Ello nos obliga a ser muy rigurosos en la gestión de los cambios teniendo siempre presente su impacto en la ética empresarial y en los valores de la empresa. En todos estos procesos, hay un valor fundamental de quien ejerce el liderazgo como es la ejemplaridad, “dar ejemplo”. Con ello se consigue que un comportamiento ético y con valores sólidos se impregne en la organización y forme parte de la cultura empresarial. Estamos refiriéndonos, por tanto, a valores que deben estar presentes en la toma de decisiones y en las acciones que se lleven a cabo por la empresa.
De todos es conocido que las empresas pasan por periodos complicados de crisis, riesgos, incertidumbres, y es en esos momentos cuando se observa la importancia de los valores. Es cuando el compromiso y la implicación en el proyecto han de surgir con fuerza para dar continuidad al proyecto o transformarlo en uno evolucionado o nuevo. En esta situación el liderazgo con aplicación de los valores es clave para conseguir superar la situación. Ejemplo de ello lo tenemos en numerosas empresas que han conseguido superar con éxito los periodos de crisis teniendo que desarrollar en muchos casos dualidad de negocios (tradicional y nuevo) con opiniones y enfoques distintos dentro de la empresa, pero cuyo éxito ha estado marcado por los valores que han sido aplicados al desarrollo de los negocios. Como anticipábamos, aunque podríamos definir muchos tipos de liderazgo en la literatura económica y empresarial, no nos hemos de referir única y exclusivamente al liderazgo de la alta dirección de las empresas, sino también a la de los mandos intermedios que contribuyen a transmitir la información de arriba a abajo y que generan compromiso en los equipos. La alta dirección ha de tener una visión estratégica, con valores transmitiendo su visión con pasión y ejemplaridad, de tal forma que el resto de la organización asuma el compromiso y actúe en su ámbito en la dirección marcada y aplicando los valores de la cultura empresarial.
La aplicación de los valores a la gestión empresarial tiene relación directa con la visión de la empresa o más concretamente con la de sus directivos para la consecución de objetivos. Uno de los problemas más graves que tienen los principales directivos es su visión cortoplacista. El enfoque excesivo en el corto plazo suele ser contrario a una visión a largo plazo que sea sostenible. Ya sé que, como decía Keynes, “a largo plazo todos muertos”, y que el corto plazo es importante, ya que sin él no hay largo plazo, pero hemos de saber hacia dónde queremos ir, tener la meta definida (aunque se vaya ajustando con el tiempo) y ejecutar en el corto plazo todo aquello que no sea contrario con la meta que nos hemos fijado. Todo ello con valores y un liderazgo excelente.
A modo de conclusión quiero referirme a la ética empresarial como elemento imprescindible en el mundo de los negocios, para lo cual los códigos éticos o de conducta con sus guías de actuación, sus principios y valores, y sus canales de denuncia son un elemento fundamental. El concepto de ética empresarial no sólo debe estar recogido en manuales, sino que ha de ser público y conocido por todos los que tienen intereses en la empresa, por los “stakeholders”. Dado el alto nivel de internacionalización y de globalidad de los negocios, es imperativo que las organizaciones trasladen sus códigos y estándares éticos a todos los lugares donde operan. Adicionalmente a ello, las empresas han de facilitar formación a sus empleados, y sus líderes han de dar ejemplo en sus acciones y decisiones, evitando cualquier falta de ética que vaya contra los valores que forman parte de la cultura empresarial.
Ética empresarial y valores están directamente relacionados, de forma que uno no se entiende sin el otro. La aplicación de la ética y los valores ha de hacer posible una gestión eficiente y óptima de las empresas, cuyo objetivo debe estar encaminado a conseguir la excelencia, tal y como se impulsa desde ABE.
Ignacio Manzano. Director General Adjunto en Nortia Capital.







